THE WISCONSIN EXPERIENCE: Parte 2

Los primeros días fueron una mierda. Me los pasé llorando, leyendo revistas y yendo a conectarme al pueblo para hablar con mi familia y mis amigas. Muy emo. Pensaba cada dos segundos en comprar un pasaje de vuelta o en cambiarme de familia pero me quedé no sé por qué. Como en mi tercer día allá me llevaron a etiquetar patos, algo que ya había visto en las fotos de mi “hermana” en Facebook pero que no tenía la más mínima idea ni en qué consistía ni para qué servía pero que tenía que hacer lo antes posible porque ya se iba a terminar la temporada (sí, existe una temporada de “etiquetación” de patos). Por lejos la experiencia más FREAK que he tenido en mi vida.

Partió el mal presentimiento cuando me dijeron que al día siguiente me tenía que despertar a las cuatro de la mañana y vestirme con ropa que no me importara ensuciar. Les cuento que no soy ni madrugadora ni outdoor ni animal lover y tampoco tenía ropa para ensuciar (por el reducido espacio de maleta) así que esto fue lo peor que me pudieron haber pedido. Solo por el hecho de estar viviendo con una familia desconocida, me desperté a la hora pedida y me puse unos blue jeans, zapatillas de trekking (que gracias a dios mi mamá me metió en la maleta) y un polerón café con caballos mórbido que me prestó mi “hermana”. Imposible más chata me subí a la camioneta y emprendimos camino por la carretera hacia donde sea que íbamos. Me acuerdo que no cachaba ni raja de nada y tampoco veía dónde estábamos porque había una niebla de la puta; parecía película de terror. Después llegamos a nuestro destino, que no era diferente a nada que ya había visto en el camino: un espacio de pasto abierto y un bosque más atrás. Acá nos instalamos a esperar a las otras personas que venían (¿Qué? ¿Hay más gente?) para empezar la caminata por el bosque. Me acuerdo que pensé que era como ese programa de pesca extrema que forman grupos de rednecks y van a pantanos a buscar pescados gigantes que toman con las manos. Cuando ya habían llegado todos nos dirigimos hacía el bosque y los miembros del grupo empezaron a hablar entre ellos y a conocerse.

 -¿Esta es tu primera vez? Estoy muy nerviosa…

-No, ya lo he hecho antes. Es una experiencia muy gratificante

-Traje a toda mi familia para hacerlo juntos

CTM EN QUE MIERDA ME METÍ?!!!

Yo ya estaba 100% convencida de que esto era un rito de iniciación donde había que matar a una mujer latina en el bosque o alguna wea de película. Más todavía cuando el “líder” del grupo dijo que apenas entráramos en el bosque nadie podía hablar y había que caminar sin hacer ruido.

Entonces así empezó la eterna caminata por el bosque cagada de frio y viendo NADA con la niebla. Bacán. Supe que habíamos llegado al punto cuando los dos hombres que guiaban se sentaron en unos pisos de plástico que al parecer tenían instalados en el bosque y nos hicieron señas para que nos sentáramos también. Nos explicaron lo que venía: había otra persona más adelante escondida en una carpa de camuflaje que estaba encargada de vigilar a los patos y tirarles una red cuando fuera el momento (¿?????). Se suponía que apenas escucháramos un bombazo teníamos que correr rapidísimo hacia adelante. Les dije que yo no corría así que que ellos fueran adelante y yo iba a ir atrás caminando. Y nos quedamos en nada hasta que se escuchó el bombazo o cañonazo o el comienzo de los Hunger Games, no sé. Todos corriendo histéricos, yo cachando huevo. Caminé hasta que llegué a la orilla de un rio donde el bosque se abría y estaba mi team de “pesca peligrosa” sacando patos de abajo de una malla, poniéndoles un anillo de metal en la pata, y soltándolos. Estuve el 90% del tiempo mirando como lo hacían y hablando con mi “papá” que me explicaba que los números de serie que les ponían a los patos servían para saber hacia dónde migraban y no sé qué otra cosa. Me ofrecían a cada rato si quería hacerlo pero yo me excusaba diciendo que le tenía fobia a los patos o cualquier wea inventada. En verdad me moría de asco porque veía como los patos de la ctm se hacían caca y pipí y picoteaban. Al final mi labor quedó en “liberar a los patos”, o sea, pescarlos después de que los etiquetaban y tirarlos a lo Angry Birds, lo cual mi “mamá” full amante de los animales encontraba demasiado “liberador”. Estuvimos como una hora en esto y gracias a dios no me llevaron a hacerlo de nuevo otro día.

Me despedí del equipo y llegué a mi casa a dormir una buena siesta reponedora.

Menos mal quedaba poco para que empezaran las clases.  

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