THE WISCONSIN EXPERIENCE: Parte 3

                  Hasta que finalmente llegó el momento tan esperado de mi primer día en un colegio gringo. Me desperté a las 6:15am nerviosísima (una hora antes de lo que estoy acostumbrada) y me puse una tenida que me había comprado esa misma semana. Después me pinté (adquirido de tanto ver películas gringas), hice mi cama (nunca antes visto) y fui a tomar desayuno. A estas alturas mi “mamá” estaba convencida de que yo tenía un trastorno alimenticio porque según ella que estaba “enfermizamente flaca” y no entendía mis mareos cada vez que me paraba (cosa que siempre me ha pasado) entonces cuando le dije que yo nunca tomaba desayuno poco menos que se le salían las lagrimas. Terminé aceptando sus cien bagels, salchichas, pancakes, cereales, leche, mantequilla de maní, french toast, english muffins, etc, etc que fue lo que finalmente me terminó dejando como el cachalote que volvió a Chile.

                En fin, mi “papá” nos llevó al colegio como una hora antes de que empezaran las clases porque a mi “hermana” le gustaba llegar extremadamente temprano al nivel de que el colegio estaba desierto (en contraste a mi rutinaria llegada justo cuando toca la campana). La psicóloga me dio mi horario que consistía en las mismas ocho clases repetidas los cinco días de la semana: Study Hall, Lifetime Wellness (gimnasia), English, Biology, Lunch, Spanish, CBA (computación), Algebra y US History. Después me presentó a la otra gente que estaba de intercambio y fuimos al gimnasio para una asamblea de bienvenida con todos los must: cheerleaders, profesores bailando, videos divertidos anunciando las reglas del colegio, canciones, etc. Al finalizar esto me quedé sola tratando de descifrar mi horario y hacia dónde tenía que ir.

                Las clases eran absolutamente diferentes a las de mi colegio, además no conocía a nadie y me sentaba sola en la mayoría. Todos comentaban sobre sus vacaciones de verano y se reencontraban y yo me moría de ganas de volver a Chile. Nunca se me cruzó por la mente que en un pueblito de 5km2 nadie iba a saludar a la alumna nueva. Obviamente esta situación cambió con el tiempo, cuando me di cuenta de que uno tiene que tomar la iniciativa para que te hablen.

                Anécdotas del american high school tengo infinitas. Nunca me dejó de impresionar lo igual que era a Mean Girls: los profesores “lolein”, el bus amarillo donde todos te miran con cara de pico, las cheerleaders petite con rouge rojo, las mesas polarizadas por status social, el cutis naranjo de tanto spray tan durante el invierno, todo. Me acuerdo que los profesores fueron lo que más me marcó. Eran el polo opuesto de cualquier profesor(a) que haya tenido en Chile. Por ejemplo el de inglés, Andrew, era un obeso mórbido con espinillas por toda la cara y su ropa siempre con manchas sin origen certero, perno a morir pero frustrado por ser cool. El primer día nos esperaba en la sala con la canción “Let’s Get It Started” puesta a todo volumen. Desde ahí en adelante se lo hicieron mierda con comentarios, rayando sus paredes y sus pósters, sacándole fotos, etc hasta que finalmente  decidió irse. Ya había presenciado bullying fuerte a profesores en mi colegio pero nunca había visto una wea de esta magnitud. El de biología era lo mejor. Se vestía como proxeneta, nos ponía música mientras trabajábamos, nos llevaba comida a clases y era muy cercano a nosotros, aspecto que también me sorprendió bastante. Era muy común que los alumnos después de clases fueran a hablar con los profesores de cosas no relacionadas con el colegio. Escuchaban música juntos y hablaban de cualquier cosa que les pasaba o les interesaba, lo que armaba un ambiente de confianza y amistad con los profesores que nunca he presenciado en Chile. Mi clase favorita era obviamente español, donde lloraba de la risa y además me llevaba increíble con mi profesor que no tenía muchos más años que yo. Los gringos le decían “senior” (intentando decir señor) y era como el ídolo de todos. Sus clases eran pa cagarse de la risa y las más entretenidas que he tenido por lejos. No sé si los demás aprendieron algo de español (lo dudo) pero por lo menos yo lo pasé cuático.

                Otra cosa que nunca me dejó de desconcertar era todo lo relacionado con comida. No sé por qué pero los gringos están obsesionados con la comida. El menú de almuerzo (que era como a las 12) siempre consistía en: ensalada obligatoria, menú del día (quesadillas, tallarines, nuggets, hot dogs, etc), hamburguesa por si no te gustaba el menú del día, sándwiches de PB&J, pizza por si no te gustaba el menú del día, sándwiches de jamón y queso derretido por si no te gustaba la pizza, leche, galletas los viernes y al final del pasillo una repisa con todos los dulces y comida chatarra empaquetada existentes. Ojo que cuando habían hot dogs había que sacar dos (no uno) o pagabas extra. Era imposible consumir menos de 3000 calorías en cada almuerzo con toda esa mierda. Este aspecto fue lejos lo más traumático porque no era sólo en el colegio. Iba como dos o tres veces a la semana a Culver’s (el lugar top de comida rápida allá), los jueves comía en el restaurant donde trabajaba mi hermana, en mi pieza tenía un canasto con dulces y chocolates con infinitos refills de mi “mamá”, hacían brownies como dos veces a la semana, los 24 días de diciembre hasta navidad estuve cocinando y decorando galletas en diferentes casas sin parar, me tocó thanksgiving, teníamos máquina de helado, las elecciones presidenciales, todo, TODO era excusa para comer. En serio me da vergüenza que llegué a tal nivel que comí masa de galleta frita. ¿Están cachando la dimensión de ese postre? MASA DE GALLETA FRITA. Y no era así como así porque obviamente tenía salsa de chocolate y helado. Por favor asimílenlo. Jamás en mi vida había comido una wea tan chancha como eso y espero nunca más hacerlo porque en verdad me da vergüenza. La única persona que sabía sobre esto era mi hermana, ahora les cuento a todos porque lo superé (creo). No lo difundan.

                Lo peor es que mi “mamá” compraba en Costco entonces la caja de mezcla de brownies era del porte de mi salita y la pizza apenas cabía en el refrigerador, todo en esa proporción. Costco es el peor lugar en el que he estado en toda mi existencia. Prefiero releerme Madame Bovary todos los días por el resto de mi vida antes de pasar un segundo más en Costco con todos esos  inmigrantes chinos ilegales, refrigeradores del porte de mi casa y gente miserable tratando de robarse y esconder cosas mientras los guardias te revisan el carro a la salida como si fuera la frontera de México. Es por lejos el lugar más angustiante y miserable que existe. ¿Por qué a los gringos les encanta tanto?

                 Esto fue un resumen de mi shock cultural en relación al colegio y la comida porque podría contar mil cosas más. El desenlace fueron diez kilos más y hambre constante hasta que volví a mi querido país.  

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  1. buen post, en verdad que los gringos son unos chanchos culiaos, espero que hayas recuperado tu figura jajaj. notable imagen de bruce bolaños comiendose el pastel de troncha toro.
    Saludoss

  2. Jaja, me fui de intercambio a Wisconsin hace infinitos años (no tantos en verdad) y por casualidades de la vida me encontre con esto. Dm cierto. Lo único que falto fue mencionar el fanatismo incontrolable por Green Bay Packers (aka el Dios Maximo todopoderoso). Las clásicas palabras de siempre: bubbler y pop (que en verdad nadie lo usa). Y el comer queso 24/7 de todas las maneras posibles.


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