THE WISCONSIN EXPERIENCE: Parte 4

Por si se preguntaban, el problema del internet en mi casa se solucionó después de mi primera semana de clases cuando mi “mamá”, como regalo del nuevo año escolar (y quizás un poco traumada porque yo quería cambiarme de familia), decidió instalar una antena afuera de mi pieza. Nunca pensé que este pedazo de metal podía mejorar mi vida en un 2000% pero así fue. En serio soy la weona más tecnológicamente dependiente del mundo.

Y así continuó el curso de mi vida: empecé a conocer gente, hice varios paseos, dupliqué el volumen de mi clóset (grax Mastercard) y de mi cuerpo, chateaba con mi familia cada medio segundo y empezó el peor invierno que me ha tocado vivir. Máxima de -15 grados, con eso les digo todo. Casi me morí. En Santiago si me despierto y está lloviendo o hay 0 grados yo me quedo en mi cama con scaldasonno en 3 pero en familia desconocida no podía hacer eso. Mi vida consistía básicamente en comer, comprar, dormir, comer más y evitar la nieve. Pero bueno, no estoy aquí para hablarles del clima sino que de la peculiar crisis que experimenté a los 3 meses.

Eran comienzos de noviembre, hacía un frío de la putamadresapomojado y se acercaba Thanksgiving. Este feriado para mí no significaba nada pero el día siguiente, el Black Friday, era el acontecimiento más importante de mi vida. Estar en un mall en Estados Unidos con descuentos de la puta madre, una tarjeta infinita, y empujando y gritándole a personas desesperadas por comprar era exactamente el lugar donde quería estar. Si iba a morirme en alguna parte era en el Black Friday. Como no quería webiar a mis “papás” pidiéndoles que me llevaran al mall le pedí a una amiga alemana que me llevara con su familia, a lo que me respondió que iba a ver si cabía en el auto y me avisaba. Yo imposible más decidida, estaba preparadísima para estar en el mall a las 0:00am con traje de camuflaje y tarjeta en mano. Jamás se me cruzó por la mente preguntarles a mis “papás” si podía ir.

Rápidamente pasaron los días hasta que llegó el jueves tan esperado. Me vestí con alguna de las weás que me seguían cabiendo, me pinté líneas de guerra en la cara y me puse zapatos cómodos para correr. Pero antes tenía que sobrevivir la hermosa cena familiar. Emocionada me subí al auto y nos encaminamos a la casa de mi “abuela” para una clásica comida americana. Cada segundo que pasaba era un segundo más cerca del Black Friday. En la casa de mi “abuela” comí sin parar como imbécil, me embutía comida hasta por el ano. Yo creo que me moría de ganas de tener un suero que me fuera inyectando más pasteles vía intravenosa porque mi guata no daba más. Estaba tan sumida en la comida que no me di cuenta hasta hace 3 meses que nunca dimos las gracias por ninguna weá. En el proceso de comer, me llega un text de mi amiga diciendo que estuviera en su casa tipo doce o antes para ir al mall. Llegué a gemir de la excitación, les juro. Esta weá para mí era 100 veces más importante que asistir a una cita con el Papa (igual fome). Le dije a mi “hermana” las noticias y no sé por qué pero pensó que la estaba invitando y se emocionó caleta. Entonces le preguntó (¿hay que preguntar?) a su mamá que si podíamos ir y acá comienza mi crisis. Ustedes no están cachando que jamás en la vida se me hubiera ocurrido que mis papás me digan que no puedo hacer algo. Si yo quiero salir con un disfraz de dinosaurio que tiene dos hoyos pa que se salgan las tetas así voy a salir y nadie me lo va a impedir. Mi mamá en general no tiene la más raja idea de lo que hago y así es como debería ser. Esto para mí fue un shock total. ¡¿NO?! ¡¡¡¿QUEEEEEEE?!!! BUT MOOOOMMMMM!!!! Me salía humo hasta del orto weon. En ese segundo era una pendeja de 2 años haciendo una pataleta. Puta que me dio rabia. Caos total. Mi “mamá” me explicaba que el Black Friday era para una cultura demasiado consumista y que no era el estilo de su familia mientras mi amiga me mandaba mensajes rogándome que fuera con ella; yo apenas veía de las lágrimas. Imposible que les haga entender en la depresión que caí. Lo único que quería era estar con mi mamá ql imbécil que le importa un culo lo que haga y que graba videos weones de ella bailando y que nunca en la vida se hubiera enterado de si yo iba o no a un puto mall colapsado. Llegué a mi casa y tuve una larga conversación con mi “mamá” donde me explicó el porqué de su decisión, que no era nada en contra mío, que era mucha responsabilidad, etc. Arreglamos un poco las cosas pero mi rabia seguía (si leyeran mi diario de vida de ese día pensarían que estaba poseída). Lloré de 7pm a 10am. Veía mi Instagram atiborrado de fotos de compañeras feas y mal vestidas sonriendo al lado de los modelos sin polera de Abercrombie, de la cama llena de bolsas de mis tiendas favoritas, de la fila para entrar al target, de gente loca. Yo quería estar con la gente loca. Yo quería estar pegándoles combos a guatonas gringas para comprarme la última temporada de Honey Boo Boo en Wallmart. Pero no. Ahí estaba instalada en mi cama con los ojos rojos e hinchados whatsappeando con mi mamá y buscando en google “3 month exchange student depression”. Era normal se suponía, pero eso no era lo que me importaba. No dormí ni culo ese día.

A las 8am salí de mi pieza como zombie a tomar desayuno con la cara hinchada por el llanto y por los 100 kilos extra. Me veía más fea que la Sarita Vasquez con Gonzalo Cáceres mezclados en una persona. Mi “mamá” me pregunta si quiero ir a un parque de agua “indoor” para animarme y le respondí que sí aunque en verdad lo último que quería hacer era salir de mi cama para ir a esta mierda con -20 grados afuera. Me duché, me vestí y traté de verme lo más digna posible. Si leyeron “el encanto de volar” sabrán que tenía un ravotril (cortesía de mi madre) metido en alguna parte de mi maleta. Este fue exactamente el momento de desesperación en que lo ingerí y di comienzo a mi experiencia KelCalderónagarrandoconValeRothenunafiesta.

Tengan presente que en las narraciones que continúan no estaba haciendo completo uso de mis facultades mentales ni del raciocinio. 

Cuando llegamos al Kalahari (así se llamaba el parque de agua) me sentía mucho mejor. Compré mi entrada, me comí la típica hamburguesa masiva de las 11am y fuimos a ponernos traje de baño con mi hermana. Quiero que sepan que yo soy la weona más pussy y cobarde para cualquier weá que sea montaña rusa, extreme fall, boomerang, whatever. No me subo a estos juegos a no ser que me obliguen, y en ese caso, me subo llorando. ¿Iniciativa propia? Jamás. Bueno, en el Kalahari había un majestuoso resbalín de esos 100% vertical, eternos de largo y que uno va con las manos en cruz en el pesho porque si no uno se sale por los lados y se muere aplastado. Cuando fui a Disney y veía estos resbalines se me hacía un nudo en la guata. Yo no me subo a estas weas. Nunca. Pero en esta situación yo era el personaje principal de la Metamorfosis y me había convertido en un ravotril gigante caminando en traje de baño. Pesqué a mi “hermana” del codo agresivamente y la arrastré por la escalera como si ella fuera mi propiedad. La pobre gritaba traumada pero el ravotril gigante luchó contra sus oposiciones y logró llevarla hasta arriba asegurándole que no era nada y que si no lo hacía era aburrida. Yo me hubiera desmayado con lo alto que estábamos pero el ravotril colosal ni se inmutó. Encerraron a mi hermana adentro de un tubo tipo Hunger Games que estaba justo encima del resbalín. “Hands behind your head. Are you ready?” le preguntaba el gringo que manejaba el juego y, después de recibir el sí, empujaba una palanca roja que hacía que se abriera el suelo del tubo y la persona cayera libremente. “Your turn now” me dice mirándome e indicando hacia el tubo vacío. Me metí a punto de vomitar y tiritando. Parece que la pastilla se estaba disolviendo, no sé. “Are you ready?!”me grita “nononononono” le respondí con las manos todas débiles atrás de mi cabeza. Creo que no me escuchó porque igual apretó la palanca de mierda.

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  1. Wn soy tu fan jaja fuera de webeo, me cago de la risa com tus weas! Primera vez en mi vida que leo un blog y lo lei completo, grandee

  2. la raja la experiencia! como hmna #2 confirmo todo lo anterior, esto del magico ravotril es un must no solo a la hra de salir de viaje, tb mi mama lo entrega para presentaciones frente a publico, dentista (aunque sea solo un diagnostico inicial), radiografias, viajes, entrevistas, conflictos laborales etc.. nos incentiva diciendo: “tomate aunque sea medio no pasa nada es exquisito”

  3. Pingback: THE WISCONSIN EXPERIENCE: Parte 4 | Noticias de mi Tierra

    • jajajajajjaja es que en serio era otra persona…. cuando mi hermana me vino a ver y cachó que aspiraba y le daba comida a los pajaros quedó pa la cagada jajajaj no se que mierda me pasó
      🙂 🙂 ❤


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