Amigaaa, motívate

No es novedad que la gente me tilde de “fome”, “antisocial”, “amargada” o “antipática” cada vez que no quiero salir o por mi actitud de mierda cada vez que termino atascada en un carrete equivocadamente. La verdad es que ya lo tengo asumido como parte fundamental de mi vida. Y es que me carga la forma en que se llevan a cabo tales eventos. La rutinaria y mortal sucesión: el pre en casa para tomar harto por poquitas lucas y curarse rápido porque lo que sigue es tan latero que simplemente no podís ir sobrio, después hacer hora un rato más porque no se puede llegar tan temprano al carrete, armar una mamadera tóxica y caliente para llevar en el auto, pagar una entrada millonaria para una disco mediocre con música mediocre y gente mediocre, tal vez luego ir a un after que te quite la poca dignidad que te quedaba, y repetir el siguiente fin de semana. Tengo clarísimo que no tengo por qué ser parte de ello si no me gusta y, de hecho, no lo soy pero no puedo evitar sentir cierta inquietud al respecto. A fin de cuentas, es el panorama más común durante un fin de semana promedio en Santiago.

El asunto es que toda mi vida he atribuido mi falta de motivación a que odio bailar, a que odio la piscola o a que simplemente no soy una persona extrovertida, pero últimamente me he dado cuenta de que el problema no soy yo. Hace poco tuve la oportunidad de recorrer Europa y descubrí que había estado equivocada todo este tiempo; que el problema definitivamente no recaía en que soy antisocial o “una lata” sino que en la puta vida santiaguina. Llámenme snob o sudaca aspiracional, me importa una raja, pero allá sí daba gusto salir. Se notaba que a la gente de verdad le interesaba la música e iban genuinamente a bailar, no con ganas de jotearse “minas” o “pelarse”. Todos bailaban solos y mirando al DJ, lo que me pareció mucho más auténtico que las manadas de zorrones acechándote con sus amigos para sacarte a bailar (porque imagínate lo homosexual bailar entre ellos) y mostrar sus pasos de baile envidiables con movimientos de brazo de gallina. Ningún puto weón con tufo a aluminio y pisco se te tiraba encima para bailar y preguntarte de qué colegio saliste como si fuera el mejor joteo del mundo. Por qué chucha siempre quieren saber el puto colegio, en todo caso. Francamente siento que son del INE y que los sacoweas me están censando o alguna weá. Me dio una paz interna inmensa no ver a esos idiotas calientes buscando gente en común como si su vida dependiese de eso. Allá incluso las mismas estructuras de las discos daban mejores vibras. Tenían unos jardines dignos de Versalles, a diferencia de la escoria de terraza con mesas de la Copec que acostumbro ver. Adentro, eran un laberinto indescifrable: tenían mil pisos con música distinta, mil piezas tipo living distintas para sentarse y conversar, mil bares y ambientes diferentes; era imposible que el espacio te limitara solo a bailar. Las pocas veces que salgo en Santiago, siempre me webean porque al parecer no querer bailar bachata te hace una lata de persona, y muy en el fondo lo entiendo, porque en los lugares que hay no se puede hacer mucho más que eso o sentarse en unas mesas ano que te dan champaña si llegai temprano. Es realmente triste la weá.

Más allá de los aspectos superficiales mencionados, rescato muchísimo la abundancia de identidad en los carretes. Cada uno bailaba como lo sintiera o como se le diera la gana y se vestía de acuerdo a su personalidad, sin la irracional necesidad de demostrar algo distinto a lo que son. La diversidad en el público me dio una satisfacción incomparable después de tantos años viendo a la misma weona básica excesivamente arreglada con terraplén y pelo quemado de tanto alisado replicada 100 veces en el mismo lugar. Dio gusto ver finalmente gente relajada, disfrutando verdaderamente del momento y notoriamente más feliz.

Después de todo, tal vez sí me gusta bailar, solo que no reggeaton con un zorrón que solo quiere agarrar. Tal vez sí me gusta tomar, solo que no piscola mientras cantan “este farol no alumbra” o “la matóooo”, y tal vez sí me gusta salir, solo que definitivamente no en Santiago.

kim k vlaue

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  1. Oye polera eri lo máximo me haci reír demasiado, pero esta columna salió antes en the clinic que en tu blog por que? Lo otro cámbiate de amistades y de juntas puros weas predestinados, casarse entre primos, tener 5 hijos, vivir en la dehesa, trabajar en un banco o una viña, poner a sus hijos en el verbo, el cumbres o cualquiera de esas mierdas sectarias pa que después salgan a jotearse a las minas de las ursulinas o del Everest

    • jajajja es que no tenía internet para subirla antes 😦 Y tranqui que mis amistades están bien. Niun carrete mediocre ni casarse entre primos. Ni en broma weon jajajjaja Prefiero estar sola

    • Hasta ahora esta es mi columna preferida. Usaste menos improperios y diste una crítica rica al entretenimiento promedio. No me parece aspiracional. Acá en Chile nos disfrazamos y actuamos como primer mundistas pero no hay nivel cultural. Te felicito mucho Polera, se te vé un gran futuro independiente a donde apuntes.

  2. buenisima! me encanta tu ironia, como describes lo que muchos sentimos y pensamos, pero no lo ponemos en palabras…sigue asi

  3. Yo los fines de semana salgo a tomar te con mi polola a una café del centro y después ver una película :3 te lo recomiendo más que un carrete así, aunque sospecho que lo tienes claro.

    Como siempre con lov, Atún.

  4. que lata que esa sea tu idea de carrete en santiago, porque es más bien el carrete cuico en santiago. y no te juzgo por eso, de hecho me agradas bastante, me da lata que estés rodeada de ese tipo de gente tan básica y weona y me imagino que debe ser difícil salir de un círculo que te ha rodeado toda la vida. en santiago, no digo que hayan los mejores carretes, pero hay hartos lugares donde a la gente sí le interesa la música y esas cosas que mencionas de las europas. pero seguramente bajar de providencia te parece muy rasca. te juro que lo digo todo en buena porque me caes la raja, saludos polera.

    • Andrea, no es así, en todos los lugares el chileno se toma todo, todoooo, y los carretes más humildes implican igual gente que se te tira encima para jotear, mi novio tiene una banda de rock y tiene tocatas en todo Santiago y toda la gente es la misma onda, y los flaites o como quieras decirle, rascas, no cuicos, etc son tan pesados y criticones si no hablas con la “sh” y dices palabras con propiedad, y con alcohol son bien violentos también.Los entornos son lo mismo, solo que se visten mejor en la zona “alta”.

  5. Puta polerita me sentí más identificado que la mierda, quizá yo no sea el problema, el problema es chile y su limitada mentalidad en cuanto a entretenimiento, que solo se traduce en carrete “shuper loko”, quedar hecho pico de curao y, obviamente, comerte a la mayor cantidad de weonas(es), sin olvidar contraer gonorrea anal y sifilih.

    Salu2 ❤

  6. que eres mentirosa berni si te gusta la piscola, la otra vez subiste una foto dandole un beso a una botella de pisco y pusiste en el post “mm amo los manjares de chile”

  7. oye loca tenis que explorar otro tipo de carretes, en serio, no hay que ir a Europa necesariamente para encontrarlos. Claramente los recintos no van a ser dignos de un jardín de Versalles, pero hay varios lugares donde puedes bailar buena música y donde la gente no quiere sólo agarrar y sinceramente le importa disfrutar y ser ellos mismos; hay unas fiestas re buenas en Matucana 100 o en algunos lugares en Bella, suerte!

  8. Pero Polerilla, diversifíquese. Yo cuando carreteaba ( ahora me da paja carretear y solo veo películas y hago maratones de series con mi pololo), tenía diferentes lugares para salir, no todos de la misma onda.
    1. Cuando no quería que nadie me hueviara y solo bailar, iba a discos gays con mis amigos ídem. ¿Por qué? Fácil, se los jotean a ellos, bailai tranquila, te ries, conoces gente, ves hueás rara y lo pasas regio. Además generalmente son lugares en donde no tocan ni reggeaton ni bachata. También tenía otro local similar, no tan gay, más alternativo, en donde solo iba a disfrutar de la música. Si bien era un lugar más heterosexual, la gente no andaba en hordas sacándote a bailar, simplemente se baila en la pista, solo o acompañado, sin que nadie te mire raro.
    2. Cuando quería salir a warriar, iba a locales como los que mencionas, aunque quizás no tan zorrones. Obviamente no siempre iba a warriar, a veces tenía que ir porque mi otro grupo de amigos no era tan alternativo como para aceptar ir a los otros lugares que me gustaba ir. Pero en el caso específico del warreo, hasta la vestimenta cambiaba y con el tiempo también aprendí a ser selectiva con lo que ofrecía el mercado.
    3. Que nadie me huevee bonus. Dudo que en tu ambiente se dé, pero como yo iba en una carrera humanista y piante, habían muchas peñas. Quizás el ambiente es demasiado comeguaguas, pero se pasa bien y si bien hay tipos que se la dan de galancetes intelectuales, generalmente es un ridículo demasiado ebrio pasao a navega’o que nadie pesca mucho y queda botado en un rincón.

    Tú vives en Santiago, supongo que hay harto más donde elegir. Yo en Viña, con el ambiente más limitado, tenía tres tipos de ambiente en donde me movía. La clave está salir de la zona de confort no más, ya que harto interesante sería un “análisis polera” a los distintos tipos de carrete

  9. me siento absolutamente identificada con lo que dices, no puede ser mas cierto. En este momento no estoy en chile y lo que mas me gusta es que no existen esos jotes insoportables en los carretes. Cambiando un poco el tema tampoco hay acoso en la calle. Cuando sales de chile te das cuenta que no es normal loco, no es normal sentirse vulnerable caminando en la calle. En otros lugares hay respeto y una vez que sales te das cuenta. Muchos podrian decir espontaneamente “ay que snob” por que hablas de otro país. Pero porfa estamos hablando de algo básico como educación y respeto básico hacia la mujer y tambien hacia las minorías sexuales. Eso es snob? A mi chilito le falta madurar, asi lo veo.

  10. Buena Polera! Que post más genial de conocer que existen otras formas de carretear. Me siento identificado de que no carreteo porque siempre es lo mismo. Carretear podría ser bailar, sentarse en mesas, tomar, conversar, estar en lugares agradables, con gente que le das lo mismo y cada uno baila como quiere.

  11. Berni, te vi en El Interruptor y debo admitir que he odiado algunas publicaciones de las que haces pero debia detenerme para comentar, particularmente, esta. ¡Por fin alguien que describe completamente lo que siento (y lo que me pasa) cuando de carretes se trata!. En serio, bacán sentirse parte de un sentimiento que no es solo tuyo. Recalco lo último, que tal vez sí me guste bailar y sí salir, pero definitivamente no en Santiago con gente tan común y con carretes tan predecibles y comunes.
    Saludos.

    Ah y espero que si lees esto alguna vez no te molestes en pasar por mi blog, porque hasta a mi me da pena leer los desahogos que he hecho en el (sentimentales, por cierto) porque sé que nadie leerá.

  12. Siempre me dicen que soy fome o que “no tengo vida” por que no me interesa salir a gastarme una millonada de plata en un vaso de copete todo cagon, ni a dejar que un weon hediondo a sudor, cerveza y cigarro me corra mano. El punto es que hace poco me digne a acompañar a unas chicas por primera vez a carretear, por que quería ver si tanta maravilla podía ser cierta, la verdad es que los pasos a seguir fue prácticamente todo lo que escribiste (por lo menos la wea era gratis). Era un local del porte de una caja de fósforos, era la wea más chica que había visto en mi vida, en donde cada ves que caminaba entre las mesas microscópicas todos se quedaban pegados mirándote, húmeda por el calor humano, con una música de mierda que nunca me ha gustado, hediondo a transpiración, en donde no existía el espacio personal por que donde te giraras había una pareja de weones sobajeandose sobre la ropa y una mina moviendo toda su raja embutida en unos pitillos dos tallas más chicas que lo que debían ser. Al final terminé afuera, cagá de frío, acompañando a un tumulto de adolescentes fumando, por que no puedes pararte afuera del local si no estás fumando con cara de “soy cool”.

    No se si soy un marciano o algo así, pero ya no me importa, prefiero quedarme en mi casa haciendo cosas que me gustan en vez de darle el gusto a un montón de pendejos que creen que lo más bacán del mundo es tomarse un revoltijo de copete barato, fumarse un pito, irse a pálida y depertar con los pantalones a mitad de raja.

    P.D.: Lo siento, necesitaba sacar eso de mi sistema…

  13. yo siempre he querido ir a una disco en que pongan música ochentera super bailable, onda let’s dance de David Bowie amaría bailar esa wea con 100 personas más sería lo máximo

  14. Mujer Santiago es un asco aspiracional, anda a carretear a Valpo (no a viña) sera rancio pero es autentico, lo que aburre es el carrete plástico de autoafirmacion de estatus, (no es el ambiente, son las personas)


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