Cuando la gente es imbécil

Veo a mi madre arreglándose a las 5pm un sábado paseándose de pieza en pieza preguntando qué vestido preferimos, qué aros, qué medalla, etc. Con la #5 le respondemos cualquier cosa para que se quede tranquila y no webee. Alrededor de las seis la casa está pasada a pachulí con base y viene mi mamá a despedirse con su abrigo peludo y algún vestido con el que, a pesar de ser Asheme Miami, se ve más fabulosa que la Tonka Tomicic y la Cecilia Bolocco. A estas alturas ya no sé si se viste así para ir al Jumbo o a una gala en Niza entonces le pregunto a dónde va.

-A un matrimonio- responde con cara de sudordeano.

-Qué paja ¿De quién?

-De un sobrino nieto de la hermana de la Pilar Silva. Voy a ir a saludar y me voy.

Esta weá nunca jamás en la vida me va a dejar de descompensar. Ustedes probablemente ya están acostumbrados pero no puedo evitar cuestionarme mi puta vida entera ante esta mierda. Amigos, ¿qué chucha los matrimonios? Es hora de preguntárselo porque francamente se ha vuelto una locura. Y aprovecho esta época de boom de matrimonios para escribir una pequeña reflexión al respecto y para que ustedes también opinen.

Dejando completamente de lado el hecho de que nunca entenderé por qué la gente se casa, me parece ridícula la forma en que lo hacen. Lo hallo tan chano y de mal gusto… Como una versión chilena no documentada de ese reality de mi boda gitana o de quiero mis quinces. Solo que peor. Mucho peor. Y encuentro trágico que esta misma gente que se casa probablemente se ría de lo chulo y picante de estos programas en la tele pero ¿acaso no se dan cuenta que no son mucho mejores que ellos?Para qué tanto exceso, digo yo, cuando uno puede pasarlo igual de bien (posiblemente mejor) con un par de amigas y familiares cercanos en tu living comiendo pizza. Si me casara, honestamente no se me ocurrirían más de diez personas que querría que ante todas las adversidades vayan a mi matrimonio. Veinte si todas van con pareja. Cuarenta si sumamos las otras veinte de mi futuro marido trans suponiendo que me caso con alguien que vale la pena y no se las da de figura social. Si relleno el resto con familia podría llegar con cueva a las cien. A los matrimonios que he ido van cuatrocientas, incluso quinientas personas. Mi pregunta es ¿cómo chucha? De dónde salen. ¿Se meten a Craigslist y buscan personas de relleno? Es que en serio no me cabe en la cabeza. Es descriteriado, considerando que cada persona cuesta una millonada, que anden invitando gente que jamás han visto en sus vidas como el amigo de pega del papi y el primo que solo veís para navidad. Es literalmente lo más cuma que podís llegar a ser. Si fuerai Anna Wintour, weona invita a mil, haz lo que quieras. Pero amika, voh te comprai sostenes color piel push up en el Lider y andai invitando quinientas personas a tu weá de matrimonio que nadie quiere ir. Ojo que cada persona cuesta cincuenta lucas o más si tenís esos banqueteros culiados con nombres de gente que escribió la constitución. No sé, encuentro que cualquier persona que se eche más de tres palos en su matrimonio tiene un severo retraso mental. Y la gente pasada a frazada con fideos se está echando veinte, treinta, mucho más. Veinte palos que ni siquiera consideran el vestido, la luna de miel, el departamento nuevo decorado de Homy que se compraron los mamones, la misa culiá si se casan por la iglesia, las sesiones de terapia de pareja que probablemente van a tener que pagar después por básicos infelices, y quizás cuánto más.

Me angustia infinito. Encuentro que casarse así es más inferior que estar en la lista de espera de entradas a Coldplay y con eso lo digo todo. Es un nivel de pobreza país en vías de desarrollo que excede todos los límites habidos y por haber. Para mí ya es sufrimiento suficiente ir a un matrimonio por el solo hecho de que me da asco la gente que baila y porque vomito internamente cada vez que veo sus zapatos podridos del Apumanque y sus vestidos pasados a cholga con lentejuelas. Sumarle a esta desgracia todo el desprecio sicológico que le tengo a la gente que se casa, termina en Berni  jalando en el Mapocho y llorando. Imbéciles infelices, los metería a una cámara de gas a todos.

Voy a tratar de enumerar cada weá que me enchucha de los matrimonios; y digo tratar porque en un post con suerte abarco el 1% de mi ira interna. Primero que todo hablemos de la novia, el núcleo central de la ocasión. Déjenme decirles que nunca en mi zorra vida y corta existencia he visto a una novia linda. Me da pena que las maracas siempre se ven pésimo y la gente halla que son la Kim Kardashian de la weá. Hermanos, la novia lleva cinco semanas comiendo agua y ravotril y puta, ahora le cabe su vestido mamón hippie lais talla cero y la gente cree que se ve bien. Pero es todo un efecto óptico debido a que la weona pesa literalmente 35 kilos y a todos se les olvidó que tiene cara de caballo y encías grandes. No quiero ni saber cuánta plata tienen encima las novias entre su vestido sexy chambelán horrible, su maquillaje natural de noventa capas de grosor y cada accesorio de mierda que se ponen en el pelo. Pa qué decir el resto de la gente que va al matrimonio. Si tan solo me pagaran por cada vestido chulo y digno de la Pancha Merino que veo, weón. Hoguera pa toda la gente sin gusto que se pone vestidos largos con elefantes culiaos y mandalas meás y no sé qué mierda picá a hippie con esos cintillos indignos que van en la frente pa tapar la cicatriz de la lobotomía que las dejó así de aweonás.

Como si no fuera suficientemente terrible ir a un matrimonio (de una persona muy probablemente desconocida), a la gente se le ocurre hacer las celebraciones lejos. Y no un lejos que te mamai como San Carlos o San Joaquín o Dubai. No, perrita. Es un lejos miserable. Un lejos en la carretera con entrada de fundo y suelo de tierra donde se te entierran los putos tacos a cada rato y escuchai aviones despegando. A mí no me hacen la gila con está weá. Yo sé que la gente que se casa tiene una conspiración donde su único fin es cagarles la vida a los invitados. Porque no basta con despojarlos de su sábado echados en cama sino que pa más hay que casarse bien lejos para que no puedan llegar si no es con una van de riesgo social compartida con más gente ebria pasada a vagabundo alcohólico. Pero ya, hacís el esfuerzo de ir a la chucha igual por una persona que no conocís y que ni siquiera se va a dar cuenta si vay o no a su matrimonio chupapicos. Entrai al evento y después de un cocktail de mínimo cuarenta y siete años (sí, lo cronometré) donde te dan masitas de betarraga con espuma de camarón y semen de zucchini, te sientan en una mesa como el pico con gente que te vale verga y que tenís que fingir que te interesan sus vidas a pesar de que solo querís ver si Emily Ratajkowski  ha subido algo nuevo a Instagram. Mientras hacís small talk sobre lo bonita que está la decoración o del frío/calor que hace, mirai con melancolía la mesa de los niños. Figurai más famélica que tus Neopets del 2006 esperando la “cena” que nunca llega y penetrai con la mirada al mozo con la esperanza de que te traiga esas Nuggets con kétchup que comen los pendejos en la mesa de atrás. Estay cagada de frio vestida como maraca en pleno invierno pero por lo menos tenís el confort de que tenís stickers color piel con forma de flor en los pezones que van a ayudarte a fingir que estay bien y compuesta. Al fin te ponen un plato adelante. Lo mirai y te da una erección de útero porque justo teníai antojo de un rectángulo de 3cmx3cm de salmón con decoración en zigzag fucsia encima y, oh sí, al parecer un mozo le estornudó una porción de polenta sin querer. Todo decorado con un espárrago. Quién necesita el Burger King cuando tienes esta maravilla seduciéndote. Si son yo, van a dejar el plato al lado y rezar para que nadie te haga preguntas lateras y solo asuman que erís anoréxica. Este proceso dura cincuenta y ocho años (también lo cronometré). Cuando todos terminan, solo te queda esperar con fe que la mesa de postres sea el cielo y que el suspiro limeño no tenga canela y el tiramisú no tenga licor. Esta etapa es la más larga: cuatrocientos cincuenta años.  Finalmente te day cuenta que toda tu vida vale hoyo y que dios no existe pero estay tan desesperada que hacís que tu respectivo esclava/o en esa ocasión (survival tip: siempre tener esclavos) succione la canela del postre y te lo pase. Te comís treinta con la esperanza de curarte con azúcar o que el suspiro limeño haya sido cocinado con mdma o algo.

Llega al fin la etapa más espeluznante de la velada: el bailoteo. Por alguna razón desconocida los novios pagan más de cincuenta pesos por un DJ que pone Pavo Real de José Luis Rodriguez y unas cumbias pasadas a ajo como La Peineta y La cosecha de mujeres. En el último matrimonio que fui se me ocurrió que quería que pusieran Ginza (no para bailar ni nada, pero para tomar en un sillón melancólicamente con J Balvin de fondo) así que le dije a esclavo que fuera a pedirla porque a mí me da vergüenza. Resulta que el DJ no la conocía así que esclavo procede a cantársela con su vocecita angelical. DJ con pene pequeño inservible dice que la conoce pero que no la tiene. Mi cerebro no dimensiona que a este weón le paguen y no tenga la puta canción de moda del 2015. Evalúo la posibilidad de llevar a cabo un atentado terrorista que termine con esta fiesta donde todos bailan como gallinas al son de cumbias pencas y levantan la pata como perro meando con bachatas mediocres.

Todo es demasiado para mí. La cantidad de plata gastada incuestionablemente por cumplir con estándares sociales que se quedaron en la colonia. El show, los excesos, el producto final que todos terminan criticando. Qué weá más sudaca que invitar a esa cantidad de gente a tu matrimonio, que organizar la weá durante tantos meses y con tanta plata encima para  que luego solo los novios recuerden el evento. Para el resto es un carrete más que olvidarán en un par de días. Por supuesto, después de hacer los comentarios respectivos. “La música estaba pésima.” “La comida lentísima y mala, llegó fría.” “El lugar era como el hoyo.” “Hacía demasiado frio.” “Nada especial.”  Personalmente, si me tuviera que gastar cincuenta lucas por persona en mi matrimonio, preferiría mandarles un sobre a cada uno con la plata y que se la gasten en algo que los haga felices (como una prenda Topshop o un cargador real de Apple y esas cosas que entregan felicidad) porque no voy a caer en esa cumacidad Colibritany de tirar plata a la basura en una weá que la gente realmente no valora. Finalmente estay celebrando algo que vale la pena, un acontecimiento importante en tu vida, pero pareciera que la gente está tratando de ventilar cuánto tiene y qué tan ostentosos pueden llegar a ser. No hallo nada más chano, flaite y proeco (abreviación de problemas económicos, gracias bebé por introducirme a esta terminología tan hermosa) que endeudarse con una celebración de matrimonio para mostrar algo que no eres a gente que ni te interesa impresionar. Y si tenís plata infinita pa tirar a la basura, voh dale, pero me parece sospechoso que de un día pa otro todos se vuelvan millonarios cuando se casan. Solo digo. ¿Por qué no hacer algo piolita y humilde con las diez personas que todos conocemos? Que es ese afán por abarcar mucho pero tan superficialmente y tan centrado en las apariencias. ¿A quién tratamos de impresionar? En ningún país desarrollado la gente se casa así. ¿Por qué tan cuma, weón? Me rompe el alma pensar en la cantidad de cosas en que podrían gastarse esa plata. Podrían ir a Europa y volver veinte veces o más, podrían comprarse 1989 de Taylor Swift mínimo 2.197,802 veces, podrían comprarse más de cuarenta iPhone 6, weón. Si se van a gastar esa cantidad ridícula de plata quiero gente tirándose en pelota a una piscina, quiero juego de luces, quiero McDonalds gratis a toda hora, quiero a Kylie Jenner haciendo contouring en un carrito, quiero a J Balvin cantando en vivo. No sus mierdas picantes con vestido de princesa y gente mamona sacando fotos por mesa con cotillón de “I Love Piscola”. Esa weá no puede ser tu sueño.

SURVIVAL TIP DE MI MAMÁ, UNA MATRIMONIO HATER:

 TOMAR TE ANTES DE LOS MATRIMONIOS. RECOMIENDA TOSTADITAS CON JAMÓN Y QUESO DERRETIDO PORQUE ASÍ UNO ESTÁ CON LA GUATITA LLENA Y NO SE CURA MIENTRAS ESPERA EL COCKTAIL DE CEVICHE CON TRES PESCADOS. TAMBIÉN CLAVE IR CON TACO BAJO PA NO ENTERRARSE EN EL PASTO DE LOS POTREROS DONDE HACEN ESTAS CUESTIONES

ILitMmR

Buena, bro

Por más que no tenga el ala peluda (ya, a veces nomas) ni visos morados con pixie cut, siempre me he identificado con el feminismo. Eso sí, una feminista cuma a la que hay que pagarle la cuenta y que pasa en la cocina haciéndole sándwiches al weón de su pololo. Pero analizando, últimamente me he dado cuenta que no creo en la igualdad de sexos. De hecho me vale pico. Porque el feminismo claramente es un concepto idílico que jamás ni en el mejor escenario posible alcanzaremos. Todos sabemos por qué. Y no quiero que lo piensen como una guerra de sexos ni nada parecido; tómenlo como un hecho empírico: la raza masculina es inferior. Siendo aún más específica, la raza masculina heterosexual lais es inferior. Sí sé que siempre hay excepciones pero la suma agregada de los hechos individuales indica aquello. Y ay de ustedes si nunca antes lo habían pensado.

Considero que en mi época escolar estaba en mi zona de confort pal hoyo. Colegio de puras mujeres libre de zorrones cerdos y los que habían en las proximidades eran mega evitables. Ahora entre la universidad y el mundo pololo no me ha quedado otra opción que acercarme silenciosamente a esta raza y observar y analizar su comportamiento. Cada vez que estoy en contacto con ellos me siento como Darwin, weón. Mirando cada weá imbécil que hacen y escuchando cada mierda que hablan con suma atención mientras anoto en mi libreta mental con desesperado odio. Es que puta que son básicos (y sé que no todos son así, pero déjenme generalizar un rato).

Comenzaré el desarrollo de mi tesis con una anécdota. Una anécdota del día en que caí en la cuenta de esta realidad inevitable. Todo parte con Berni en carrete. El lugar donde ocurren todas las desgracias, por supuesto. Berni chata porque claramente no está ahí por opción propia. Berni es miserable y piensa en su camita y en ver Narcos comiendo queso. En fin. Hombres lais heterosexuales mantienen una conversación en las cercanías. No quiero ser parte de ella pero me pongo a escuchar. Tema: violación. Pienso: qué bueno que estén hablando de algo contingente alguna vez en la vida. Qué tierna fui de pensar que en serio tienen esa habilidad porque lo que escuché me marcó por siempre.

(Leer con voz de zorrón imbécil con el pelo grasoso)

“Ya, pero igual cuando a una mujer (pfff, probablemente dijo “mina”) la están violando obvio que al principio se resiste pero después no le queda otra. Tiene que entregarse y disfrutar nomás, ¿o no?”

Conchadetumadre. Mierda. Zorra. Pico. Semen. Berni canalizando energías como imbécil para no levantarse y pegarles un combo a todos. Berni teme por su integridad. El hombre hetero lais procede a repetir la pregunta, ahora dirigiéndose a mí. No respondí. No pude decir nada. Tenía el alma literalmente negra de ira. Cómo chucha a esa edad no sabís cómo funciona una vagina, weón. Estos son los mismos sacoweas que creen (sí, es el 2015 y todavía hombres adultos creen esto) que las mujeres mean por la vagina. Le rezo a diosito y a Pedro Engel que este imbécil lea mi blog porque weón, te suplico gugliar sobre la anatomía de una vagina y dejar de ventilar tu escasez de neuronas por la vida.

Lo peor de todo es que ese es uno de los tantos encuentros desagradables que he tenido con esta especie. No es coincidencia que cada vez que estoy con weones hetero lais es porque alguien me obliga o por error. Porque honestamente prefiero tener que escuchar Arjona cada segundo restante por el resto de mi vida, antes que cualquier carrete o panorama con tales. Quizás suene amargada o cerrada, me vale ano. La weá es que me hace mal. Aunque suene imposible, hacen que mi corazón ya negro se oscurezca aún más con pura ira y cositas malas que me hacen infeliz. Es que simplemente no puedo. No puedo con el hecho de que todos tengan tufo a dorito todo el día y no se laven el pelo. No puedo con el hecho de que usen la expresión “papita”. No puedo con el hecho de que se juren James Franco cuando son Juan Pablo Queraltó con cueva. No puedo, virgencita. No sé relacionarme con ellos.

De partida, no sé de qué hablarles. No tengo absolutamente nada en común con sus temas de interés. Todo lo que hablan lo puedo catalogar fácilmente en seis categorías: fútbol, tetas, carretes potos, marihuana y tirar. Es tan cierto que es penoso; hagan la prueba en un carrete promedio. Y lo entiendo, a mí también me gusta hablar de potos y blanqueamientos anales y peos vaginales e infinitos temas irrelevantes. Pero weón, no es la única weá en mi cabeza. Estos culiados hablan de tetas y potos como si se fuera a acabar el mundo y nunca más pudieran comentarlo. Qué weá tan bacán tienen las tetas, en todo caso. Es literalmente grasa envuelta en piel con un pezón igual que el de voh encima. Paren con el show y aspiren a más en sus vidas. Lo mismo con los otros temas. Bacán que fumís marihuana, amigo, pero ya todos entendimos. Ya sé que estay volado, cállate. Y porfa sé una persona digna y dile “marihuana”; nada más inferior que esos sobrenombres cerdos. Me da tiña escucharlos, por la chucha. Honestamente le cortaría la lengua a todos; si al final los retrasados solo sirven pa eyacular, levantar weás pesadas y abrir botellas de agua. Porque en su vida completa no expresan más de dos opiniones inteligentes nicagando.

Segundo, y escribo esto con humo saliéndome de los pezones, ¿qué puta aversión tienen a ser o parecer gays? Están obsesionados con la weá. Juran que son lo más hetero del mundo evitando actitudes “gay” y al final resultan en los comportamientos más sodomitas que he presenciado en toda mi vida. Partamos por el hecho de que se mandan videos porno entre ellos y lo comentan. Nada en contra del porno, onda bacán, ve porno en tu pieza tranquilo, ten tus propios fetiches específicos de japonesas metiéndose legos por la vagina, o lo que sea que te guste pero, ¿en serio sentís la necesidad de compartirlo? Obvio, porque ver porno con tus amigos simultáneamente (aunque sea en lugares distintos, me importa una raja) es la máxima expresión de la masculinidad del hombre blanco hetero. Pajéense juntos también, no hay problema. No homo, bro. No homo. Son tan homosexuales que no son ni capaces de admitir cuando un actor es mino. “No, te juro que no sabría decirte. Como que no tengo esa capacidad” CHÚPENME EL ORTO MARACOS DE MIERDA. CÓMO CHUCHA TE VA A COSTAR TANTO ADMITIR EL EVIDENTE HECHO DE QUE ZAC EFRON ES PUTAMENTE MINO POR LA CONCHADETUMADRE. En serio me impacta. No reconocer la existencia de apariencias hermosas es equivalente a tener tres falos venosos en tu recto, en tu boca y en tu mano simultáneamente. Nada peor. Después igual andan metiéndose deditos lubricados por el ano cuando juegan fútbol. Pero tranqui, perrín. De una forma súper hetero. Fue sin querer. El máximo experimento social es dejar tu Facebook abierto (siendo hombre) y ver cuánto se demora otro hombre hetero en poner en tu estado que erís gei. Porque por alguna razón lo hallan demasiado divertido. Oy, si los imbéciles andan pensando todo el día en sexo gay y vergas suculentas. Saben perfectamente que les gustaría tener algo en su poto pero no lo hacen por el puro hecho de que van a parecer gay. WEÓN ENTIENDAN QUE LA ÚNICA MIERDA QUE LOS VA A HACER PARECER GAY ES EL HECHO DE QUE ESTÉN ENAMORADOS DE UN HOMBRE. Amplíen su horizonte mental alguna vez en sus vidas, se los suplico.

La parte que más pena me da de todo esto es que ellos probablemente no son así por naturaleza. No, perrita. Todos estos culiados fueron víctimas de colegios lais monjes de puros hombres donde les meten weás raras en la cabeza. Porque no es coincidencia que salgan todos igual de lavados de cerebro y con los mismos déficits intelectuales de aweonamiento. Todos esos colegios están basados en infinitas heteronormas y cacas religiosas y estereotipos y machismo y todas esas ideas que hacen que el mundo sea una desgracia. Salen sin identidad, sin intereses loquis que desarrollar, con miedo de expresar sus opiniones; salen todos más reprimidos que la chucha. No es producto del azar que te hablen puras idioteces limitadas y que todos estudien comercial. Les chupan el alma en esos colegios, weón. Y les embuten un ego de la conchatumadre. No sé cómo lo logran pero todos estos cerdos se juran lo más mino del mundo. Están convencidísimos, por la cresta. Me da una rabia nivel se me sale un mojón por la fuerza que está ejerciendo mi cuerpo mientras escribo. LOS ODIO Y ME DAN PENA A LA VEZ PERO LOS ODIO. Se la pasan denigrando mujeres como hobby. Dicen que las “minas” son “cartuchas” solo porque no quisieron agarrar con ellos, dicen que tal o tal mina estaba “malísima”, que esta otra es muy maraca porque se sacó fotos en pelota, que ella solo se ve bien arreglada, y así eternamente. Amores, los invito a hacerse una mínima, una pequeñísima, introspección alguna vez en su existencia. Baby, entiende que esa “mina” no es “cartucha” por no querer agarrar contigo, es inteligente. Antes que nada probablemente erís feo, horrible de hecho, tu barba parece hecha de pendejos, tenís una gaviota de ceja impactante, tu pelo de surfer no es “cool” como crees, láveselo alguna vez, mi rey, tu ropa es una ofensa a la moda (sí, tu polerón Doo Australia no es lindo), tenís tufo a Twistos con piscola y tu opinión es irrelevante para toda la humanidad. Me aflige en serio saber y escuchar de tantas gallas muriendo por la atención de un weón. ESFORZÁNDOSE en serio por la atención de esta raza insignificante. Se pintan, se visten bonitas, se pintan las uñas para impresionar a un weón que después va a andar diciendo que “la mina del sábado estaba malísima”. Encuentro brutalmente indigno caer en eso. En buscar que un weón te pesque. En hacer mierdas que jamás va a apreciar para que te mire. Qué asco. En serio, chiquillas, avíspense. Solo Romeo Santos las merece.

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El futuro está aquí

Tras un intenso período fallido de toma de ramos, un reingreso a la vida académica con un par de varias clases faltadas y una diabólica semana de pruebas para rematar, vuelvo a escribir. Mi motivación hoy es compartir con ustedes una idea- un proyecto más bien- que ha vagado insistentemente por mi mente en el último tiempo. Sabemos que actualmente el tema del aborto está más vigente que nunca y ha estado remeciendo y segregando al país en dos bandos contrarios que se hayan en una constante discusión y batalla moral. (Ah yia, me puse seria). Sabemos también que ambos bandos publican cantidades industriales de mierda innecesaria en las redes sociales para alardear de su postura y mandarse unas frases célebres súper profundas de pasada (esto, la verdad, es irrelevante y solo quería enfatizar en ese punto para que dejen de poner hueás de fetos muertos o noticias como “emocionante video de madre que sabía que su bebé iba a morir al nacer y los segundos que lo sostuvo en brazos le cambiaron la vida”). Honestamente cualquier weá relacionada con el aborto me aburre o me da asco. Mucho asco. No, no me dan pena sus fotos en Facebook de fetos muertos llenos de sangre encima de una mesa. Me dan asco. Igual que un torso abierto en una operación o una  transfusión de sangre. Nunca en mi vida lo haría porque me cago de asco pero si alguien más quiere hacerlo, bacán. Ante mis ojos es así, por lo menos. Para mí, tener una discusión así en el año 2015 es lo más retrógrado que me ha pasado en la vida. Lo cual, en gran medida, se explica porque todo me importa un pico. Opino que terminemos con esta hueá de la edad media e innovemos.

Dicho esto, prosigo y les cuento: el otro día me vi inmersa en una conversación del tema (para variar) y al expresar mi opinión antibebés me preguntaron que si no consideraba que abortar era matar. En vez de meterme en el abismo eterno de la discusión de cuándo comienza la vida y blablá del cigoto, opté por decir que sí, pero que no encontraba que estuviera mal matar a alguien. Este es el instante donde les introduzco mi nuevo concepto que estoy segura significará una ruptura de la base de la moral establecida y las normas comúnmente aceptadas. Es un concepto que probablemente les parecerá ridículo ahora, pero que, a largo plazo, luego de que los países desarrollados lo adopten se darán cuenta de su valor y capacidad revolucionaria en la humanidad. Me gusta denominarle el “aborto nuveau” o “aborto post parto”.

El proyecto de ley “aborto post parto” que propongo no se trata de liberalizar el homicidio ni nada; no se asusten, no soy una criminal. De hecho, considera varias limitaciones y formalidades que cumplir al momento de cometer el aborto post parto. Sin más rodeos se la presento:

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Ley núm. 691313

 “Aborto post parto”

Art. 1. El aborto post parto es un procedimiento que consiste en la aniquilación completa del ex feto cuyos desperfectos no pudieron ser percibidos en el ambiente intrauterino. En ningún escenario posible debe ser considerado homicidio sino más bien un tipo de selección natural llevada a cabo intencionalmente de manera posterior al nacimiento.

Art 2. Para llevar a cabo una correcta realización de este método será necesaria la creación de un organismo autónomo encargado de regular y ejecutar las prácticas relacionadas. La fiscalía nacional del aborto post parto (FINAPP) será este organismo.

Art. 3. Causales: los actos enumerados a continuación significan una instantánea aplicación del aborto post parto. Para otras causales revisar la ley orgánica de la FINAPP.

  1. Ser pro vida apasionado. Entiéndase por pro vida apasionado la asistencia a marchas, la posesión de una o más poleras de siempre por la vida, el uso del hashtag #Nolosdejaremossolos, la publicación constante en redes sociales de artículos y material multimedia relacionado, etc.
  2. Hacer o haber hecho el baile de Gangam Style
  3. Cantar canciones que promuevan la ingesta de alcohol en eventos nocturnos (el farol, la mató u otras)
  4. Ser vegana/o
  5. Ser un lactante y tener bigote
  6. Ser anti gay
  7. Subir foto de tu anillo de compromiso
  8. Subir memes políticos
  9. Tener Android por preferencia
  10. Cocinar las salchichas hervidas en agua
  11. Llamar a la gente
  12. Haber usado la frase “un manjar” como reacción a algo
  13. Que te gusten los minions
  14. Hablar de política y actualidad (11 de septiembre, delincuencia, discurso del 21 de mayo, etc.)
  15. Compartir cadenas de Whatsapp sobre la delincuencia
  16. Que te guste bailar (se excluyen bailarines profesionales)
  17. Hablar excesivamente de que haces crossfit
  18. Decir que el Starbucks es caro
  19. Dejar el “enviado desde mi (inserte dispositivo apple)” al final del mail
  20. Referirse a la presidenta de la república como “chanchelet”, “gordis”, “guatona”, etc.
  21. Y todos aquellos que hagan weás que den vergüenza ajena

Art. 4. Proceso: para una limpia ejecución del método se requerirá, por parte del denunciante, el cumplimiento de ciertos requisitos básicos que permitirán resultados honestos y fidedignos. En primer lugar, el acusado debe ser un ex feto que haya efectuado una o más de las causales ya enumeradas. Posibles agravantes o nuevas causas serán examinadas por la FINAPP. En segundo lugar, el denunciante deberá mostrar pruebas de que esta(s) causal(es) efectivamente fueron consumadas. Sépase por pruebas cualquier tipo de material audiovisual, grabaciones, videos, testigos u otros. El proceso de peritaje se realizará a través de la administración de la FINAPP vía web o dejando constancia en una sede.

Art. 5. Las ejecuciones se realizarán en el Costanera Center (H&M) y los cuerpos procederán a ser desechados inmediatamente. Estas serán practicadas públicamente para poder ser vistas por miembros de la familia y/o cercanos. Las formas de muerte por ningún motivo serán violentas ni sádicas a excepción de casos en que existan agravantes del causal; en dicho caso existirá una tortura previa a la ejecución. El ex feto podrá elegir entre tres formas de muerte:

i) Fusilamiento

ii) Guillotina

iii) Hoguera

Por otro lado, las torturas bajo existencia de agravantes serán elegidas por el denunciante entre las siguientes:

i) Despellejamiento

ii) Roedores por vía rectal

iii) Extracción de uñas y dientes

iv) Electroshock en pezones

v) Ahogamiento con fecas

vi) Cortes de papel en pliegues entre dedos (de manos y pies) con posterior aplicación de limón.

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Ya presentado este pequeño extracto de mi proyecto de ley, los invito a dar el siguiente paso. No se queden en la discusión prehistórica de matar humanos pequeños que viven en úteros o lo que sea. Adopten esta idea; acójanla en sus corazones. El aborto post parto es el futuro.

aborto

Weona, tócame la frente

Todo parte con una caminata lenta, una mirada perdida y melancólica, un tono de voz más bajo, respuestas monosílabas; indirectas pero directas. Quiere que le pregunte qué le pasa. “No lo hagas, no lo hagas, no lo hagas, no lo hagas” me repito a mí misma tratando de guardar la calma con todo mi ser. Ya sé lo que está tratando de hacer y me niego a avalar este comportamiento.

“Weona, ¿cachai a qué lado está el apéndice?” dice con cara de sufrimiento tocándose la guata.

Está forzando los límites y lo sabe. Está hambrienta de atención. Quiere que le pregunte por qué pregunta eso. Su cuerpo lo necesita. Sé fuerte, Berni. Sé digna. No le preguntes, no le preguntes, no le preguntes, no le preguntes.

Me mira expectante.

“Ni idea” le respondo desinteresada. No me rebajaré a preguntarle por qué. Tarde o temprano va a ceder ella misma.

“Es que, weona, siento como una puntada gigante acá. De todas maneras es apendicitis. Me duele hasta cuando camino. Cuando como también. ¿Será normal? Voy a googlearlo, nunca me había pasado. Es que mira, tócame acá. ¿No sentís como hinchado? Es que toca.”

Pienso: CHÚPAME EL ORTO EXAGERADA CULIÁ OBVIO QUE TE VA A DOLER LA GUATA SI ACABAI DE ZAMPARTE TRECE CUCHUFLIS Y DOCE EMPANADAS, AWEONÁ. PARA DE ACTUAR COMO SI TE HUBIERAN DIAGNOSTICADO ELA.

Digo: No sé.

Quisiera decir muchas cosas y putear muchas veces (y quizás de paso abrirle el torso con un bisturí y sacarle el apéndice y refregárselo por la cara para que vea que está sano y  después metérselo por la boca y obligarla a comérselo) pero he conocido a suficiente gente hipocondriaca en el curso de mi vida como para saber que hay que hacer de todo menos pescarlos. Son animales sedientos de atención y nunca entenderé qué quieren de mí. No soy doctora ni farmacéutica y no sé por qué cresta me cuentan a mí los síntomas de sus cuadros médicos inexistentes. Me importa un hoyo si tenís cáncer terminal o si estay a punto de parir en la mitad del Costanera Center. Te juro que no puedo hacer nada por ti.

Tengo algo que decirle a toda la raza hipocondriaca:

CÁLLENSE POR LA CONCHADETUMADRE

Weón, a nadie le interesa que te hayai ido a hacer el examen de las alergias. Ridícula culiá que te andai jactando de que te enchufaron treinta agujas en el brazo solo para reafirmar que erís alérgica a los gatos y a esa wea de plátano oriental. No, weona, no quiero ver tu brazo con pinchazos. Para de mostrármelo. A nadie le importan tus alergias básicas de maraca con sarna.

Paremos de fingir interés y buena onda en estas situaciones. Me aburrí. Weón, estamos en el 2015 y es hora de que les digamos la verdad a esta gente culiá.

A NADIE LE IMPORTA.

No son interesantes porque se fueron a sacar sangre y tienen el parche curitas cerdo en el brazo con un punto de sangre. Jamás les pregunten por qué se sacaron sangre. Eso es justamente lo que quieren. Tampoco les pregunten de qué son los exámenes que se hicieron ese día que cancelaron planes. Solo queda rezar para que sea algo terminal. Corrijo: nunca les pregunten NADA. Aunque lleguen a clases con un brazo amputado y con un injerto de piel de cocodrilo en la frente.

NO. PREGUNTEN.

A esta gente le encanta tener cicatrices, heridas y moretones y lucirlas con orgullo. Les van a hablar de todo lo que les duele, que se cayeron por la escalera recién encerada, que se cortaron con no sé qué weá que no corta, que van a tener que ir al doctor, que se puede infectar. A todos nos ha tocado escuchar un discurso así. No hay grupo de amigos sin al menos una persona hipocondriaca. Si no identificas a nadie cercano, probablemente eres tú. Y si erís un hombre heterosexual (tras intensivas investigaciones) puedo asegurarte que definitivamente eres tú. El premio de pussies gays culiados en cuanto a sentirse mal son los hombres heterosexuales. No he visto weá mas exagerada que ellos. Les sale un moco y tosen una vez y los weones se echan a morir como si fuera el apocalipsis. Jamás admiten que se sienten mal pero hacen un show impactante digno de teleserie venezolana. Ojos en blanco, espasmos, últimos deseos y la weá. Les juro que no he visto weá más homosexual que los hombres heterosexuales.

VÁYANSE A LA CHUCHA. Paren de hablar de que se sienten mal si no van a hacer nada al respecto. Paren de pedir remedios en voz alta para llamar la atención. Paren de inventar weás, por la mierda. Weón, ya me hay dicho trescientas veces que erí intolerante a la lactosa. Ok. Voy a fingir que te creo y que me interesa pero porfa no me vengai a llorar dramáticamente cada vez que te comís un yogurt. Paren de tomarse remedios misteriosos al frente de harta gente solo para que les pregunten por qué toman eso (si te piden agua para tomárselo son expertos, cuidado). Chúpenla, weón, chúpenla.

Me afecta a nivel espiritual esta weá. Yo sé que la selección natural vendrá por todos ustedes pronto. No quiero escuchar ninguna otra puta vez en mi vida que creen que tienen fiebre, que porfa les toquen la frente, que no, que tení la mano fría así que no vay a cachar bien, que mejor tócala con la boca, es que mira, MIRA, estoy hirviendo ¿o no? OY WEONA NO SÉ. PERDÓN POR NO TENER UN DOCTORADO EN FIEBRES DE MARACA CULIÁ MAMONA CHUPAPICOS. Pero no. No se puede decir nada porque te dicen que erís insensible, que no entendís lo mal que se sienten, etc. Lo siento mucho pero no les creo nada. Todos saben que les encanta tener enfermedades y se les para el clítoris cada vez que sale una oportunidad para ir al doctor o hacerse exámenes. Ese sufrimiento actuado antes de ir a la clínica nadie se los cree.

Paren con su volá paranoica porque todos sabemos que la “operación” que tienen mañana (y por la que ojalá pidieron que rezaran) no es nada más que una extracción de muelas del juicio o la sacada de un lunar (“no soy exagerada, weona, es que en mi familia tiene un historial de cáncer”). Les encanta usar ese lenguaje culiado médico para que la gente piense que tienen algo grave y les pregunten. Por la chucha yo sé que les sale bilis del ano por la excitación cada vez que alguien cae en su juego y les pregunta qué tienen. Me enfurece por la reconchatuzorrapicowea.

Ustedes saben quiénes son y este post es para ustedes. Les deseo todos los males del mundo y mucho más. Mentira. Ese probablemente sería el cielo. Les deseo pura salud y que ojalá ni siquiera un mínimo resfrío les llegue en invierno. Ah y que les impidan el acceso a todas las putas clínicas.

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Chupenal

Hermanos, a raíz de la Copamérica vengo a hablarles de una tendencia que surge sin falta durante este tipo de eventos. Una enfermedad incurable. Una epidemia mortal. La muerte misma.

Algo que me molesta más que cuando me pica la raja en la calle y hay gente atrás mío.

Me molesta más que cuando ponen cubiertos ajenos en mi plato sin mi supervisión.

Me molesta más a que haya fruta de postre.

Me molesta incluso más que desenredar el alambre rojo del pan de molde cada vez que lo abro.

Me molesta nivel gente menor de 90 años que es lenta para comer.

Ustedes saben de lo que hablo.

Abramos los ojos a esta cruda realidad de una vez.

Detengan a las mujeres que fingen que les gusta el fútbol. Enciérrenlas, weón. Dróguenlas con cloroformo y aléjenlas de mí.

Y hagamos la distinción entre una mujer hincha futbolera que pasa piola y una maraca culiá que se pinta banderitas de Chile en su cara con restos de semen para subirla a las redes sociales con #CopaAmérica #ConLasMejores #ElMejorTeam. A estas últimas son a las que queremos aniquilar.

Las que aparecen solo para el mundial y esta weá de la Copamérica. Las que nunca en sus perras vidas han pisado un estadio pero se juran las reinas del fútbol. Las que se pasan todo el partido alegando por Twitter de las injusticias del árbitro y de lo bien o mal que está jugando no sé qué weón pero en el fondo están puro repitiendo lo que escuchan de sus hermanos. Cerdas culiás, weón. Me sale humo caliente del ano pensando en esta mierda.

Paren su show rancio, por la chucha.  Todos sabemos que en el fondo no están ni ahí.

Me desdoblo internamente cuando cantan el himno al principio del partido y al final gritan “wuuuuuu! ¡Vamos Chile!” entre aplausos motivacionales. ¿Cuál es la idea, weón? Vayan a pintarse las uñas mejor, maracas retrasadas. Me enchucha que me hagan callar en la mitad del partido aunque no esté pasando nada. Me enchucha que usen lenguaje futbolero y se manden unos comentarios como “medio pase” o “maestro Bravo” o no sé qué weá del delantero o del color de la tarjeta. Cállate, aweoná.

Paren de dárselas de expertas porque se saben las lesiones de los futbolistas y tienen la polera de la roja. Paren de reírse cuando pregunto a qué lado está el arco de Chile o qué color somos. Zorra de mierda, estoy haciendo un esfuerzo por ver la weá de partido; me decí cual es el arco de Chile o te corto las tetas. No erí bacán por saber esas weás.

No sé a quién están tratando de impresionar pero paren porque son patéticas. Si quieren chupar picos pueden hacerlo fácilmente sin fingir que les gusta el fútbol. Paren con sus asaditos de amigas futboleras que se toman unas “chelitas” demasiado motivadas. Paren de celebrar excesivamente cada vez que hay un gol. Weona, la cagó que no te importó tanto. Paren de hablar del palo de Pinilla, weón. ¿Qué es esa weá? Paren de calentarse cuando los futbolistas se sacan la polera. A ese weón lo veí en la calle y la cagó que cruzai la vereda.No finjai que te gustan esos weones feos que con cueva hablan en coa. Paren de decirme que soy amargada o poco patriota por no ver los partidos. Mucho más digno que se queden en sus casas viendo Acapulco Shore mientras menstrúan y nos ahorren la paja de escuchar sus chillidos de perra pasada a ladysan de tres días. Por lo menos no ando fingiendo por la vida que sé de fútbol y menos que me interesa.

Todo mi love a las mujeres que les gusta el fútbol todo el año.

Pa estas gilas puros balazos.

kk

Porfa no 3.0

  • Decir que eres abogado/doctor/etc. y seguir en la universidad
  • Hablar en inglés con acento británico
  • Teñirse el pelo en el VDE
  • Volverse loco en la Zofri
  • Creer que los casos de la Dra Polo son de verdad
  • Tomarse demasiado en serio los porfa no
  • Sacarle fotos a tu ojo
  • Comprar “piezas” de sushi por groupon
  • Poner esponjitas cuadradas en los autos para que no le peguen portazos
  • Usar diminutivo “ito” o “ita” (animalito, tecito, comidita)
  • Reirse “jejejeje”
  • Ir mucho a la farmacia
  • Auto referirse como un dog o cat lover
  • Decir que Android es mejor que iOS
  • Estacionarse en el nivel 1 del mall
  • Frases tipo “carpe diem”, “imposible is nothing”, etc.
  • Conversar habitualmente sobre cosas como Isapres, créditos, UF, reembolsos y AFP.
  • Nombres de hombre prohibidos: Néstor, Mauricio, Alejandro, Claudio
  • Salir en fotos con la lengua afuera y peor si está blanca
  • Decir la palabra “animalitos”
  • Quedarse pegada/o en la tienda Genial o Morph
  • Hashtag #sinfiltro
  • Gente que te cuenta la película entera sin que la hayai visto
  • Cualquier app de marcos de foto
  • Letra arial black
  • Botellas purificadoras de agua
  • Agregar adjetivos tipo “rustico” “salvaje” “reducción de….” a platos de comida
  • Llamar a teléfonos fijos
  • Auto referirse como ABC1
  • Hablar de la renuncia de gabinete de la Bachelet
  • Preguntar en qué comuna vives
  • Ir a un stripcenter más de una vez al mes
  • Pelear por qué servicio de taxi es mejor (Uber, Cabify, o Safer)
  • Cupcakes
  • Ver links de facebook con títulos como “!0 cosas asquerosas que todas las chicas hacemos” , “Mira lo que pasa con esta niña sorda que escucha por primera vez la voz de su madre”
  • Selfie con las dos manos, peor si eres hombre
  • Sacarse fotos con estatuas internacionales famosas (toro de NY, mafalda, cristo redentor)
  • Vacunarse contra la influenza y vitaminas para no resfriarse
  • Decir que eres intolerante a X comida (lactosa, gluten, nueces, agua no purificada)
  • Ir al casino
  • Celebrar Saint Patrick’s
  • Ir a Irish Pubs
  • Ver o comentar eclipses de luna
  • Creer que los que atienden en el Starbucks son tus amigos
  • Usar la palabra “barista”
  • Escribir más de dos palabras en biografía de Tinder
  • Pagar por tener más vidas en Candycrush o cualquier juego
  • Esperar por más de cinco segundos a que te den la boleta en un kiosko
  • Decir que te robaron weás que se te perdieron
  • Ir a Taconeras
  • Vender entradas regaladas de eventos
  • Pensar por más de 10 segundos qué pedirte en el Starbucks
  • Bailar vals con temas de Disney
  • Decir que Kidzania es capitalista
  • Gente que te manda sus apuntes y te dice que no se los mandes a nadie
  • No silenciar los Whatsapp, especialmente los de grupos
  • Tener más de 30 y decir que eres “blogger”
  • Calentar pescado en microondas comunitarios
  • Tener mal tufo y hablarle de cerca a la gente
  • Referirte a tu auto por la marca. Por ejemplo: “estacioné el Audi en la calle de al lado”
  • Tener Virgin Mobile
  • Decir “pene”
  • Llevar cámara de fotos profesional a carretes
  • Que te den miedo las películas de terror y creer que de verdad pasaron
  • Saludar y despedirse de la gente en el ascensor
  • Ir a una tarotista
  • Saludar a todos en un carrete de beso
  • Decir el artículo “el” y luego el nombre de un varón: el Pedro, el Carlos, el Matías.
  • Tomar desayuno en la bomba de bencina
  • Hacerle sexo oral a tu mascota
  • Llorar de felicidad
  • Dejarse la espinilla con la punta amarilla
  • Llorar con la primera ecografía del bebé
  • Abortar en Tacna
  • Hacer caca en la plaza y no recogerla
  • Hablar por Whatsapp con ejecutivo de isapre (basado en hechos reales)
  • Invitar al chofer de Cabify al Starbucks (basado en hechos reales, saludos Héctor)
  • Terminar y hacerse Tinder al día siguiente
  • Sacarse la última hora de conexión de Whatsapp
  • Tener audífonos que se meten adentro del canal auditivo
  • Decir “feliz, feliz” entremedio de la canción de feliz cumpleaños
  • Tener marcas preferidas de leche en polvo (basado en hechos reales)
  • Encontrar ricos los peos de tu pololo
  • Echarte “dove summer tone” en la cara
  • Ir a afters
  • Decir “colitis”
  • Cantar, aplaudir y bailar la canción “Así, así como mueve la colita” (imaginarse a Kike Morandé bailando con las modelos con un aplastapico para que no se le note la erección)
  • Rotear
  • Decir “opus gay” como si fuera chistoso
  • Escribir con un solo dedo en el celular (generalmente el índice)
  • Quedarse pegad@ mirando a la gente que le falta alguna parte del cuerpo o tiene deformidades
  • Mirar la pantalla de las máquinas de bencina cuando parten en 0
  • Pasar más de una vez al año por la rotonda Atenas
  • Escribir en ingles en redes sociales
  • Sacar fotos con el iPad
  • Seguir plan 14 días de fitness
  • Decirle picadillo al aperitivo
  • Llamadas por Whatsapp
  • Tirar confort al basurero (con pipi o caca)
  • Pedir muestras gratis de jamón o queso en el supermercado
  • Tener un iPad mini
  • Pedir “aderezo” para ensalada
  • Decir “tengo el cuerpo cortado”
  • Jetlag
  • Cagar en buses o aviones
  • Hablar de la pelea del siglo
  • Decir “hay que tenerle respeto al mar”
  • Decir “vintage”
  • Usar ropa reflectante y no ser obrero de la construcción
  • Leer este post y no compartirloskssk

Escuela

No puedo dejar pasar estos últimos catorce años que estuve en el colegio así como si nada. A fin de cuentas, conformaron 7/9 de mi vida, y si consideramos el hecho de que de los 2/9 restantes no tengo ni media memoria, el colegio ha sido básicamente mi vida completa. Cabe mencionar que no le tengo ningún amor ni odio especial a mi colegio. Jamás lo defendería en una discusión pero no le tiraría mierda excesiva tampoco (digo excesiva porque parto de la base que yo le tiro mierda a todo). Sin duda del Villa María se dicen muchas cosas, lamentablemente la mayoría son opiniones desinformadas e inciertas basadas en prejuicios y famas falsísimas que se tienen de él. Y me da rabia cuando la gente dice weás que no son. Yo me considero en pleno derecho de tirarle mil flores o hacerme pico a mi colegio todo lo que quiera porque lo viví intensamente y sé perfectamente cómo es y cómo no. Catorce años no son menores, después de todo.

Mi paso por el VMA fue de los eventos más desapercibidos de mi vida. Desde prekinder apliqué la ley del mínimo esfuerzo: siempre fui (y sigo siendo) la última en llegar y la primera en salir de la sala, jamás participé en ninguna actividad que no estuviera estrictamente relacionada con las clases normales, y solo iba a clases cuando era necesario o tenía que cumplir con la asistencia mínima. Jamás resalté por nada especial; me iba bien, tenía buena onda con la mayoría de mis compañeras, los profesores me tenían buena, pescaba las clases y hablaba poco. Me mantenía al margen. Mi experiencia no fue nada traumática ni terrible pero admito que ni por todos los pugs bebés del mundo volvería al colegio.

Siendo la última de una dinastía de seis hermanas en el VMA, los profesores me reconocían siempre por el parecido y me trataban por los nombres de mis hermanas egresadas hace años o simplemente como “señorita Danús”; Bernardita, al parecer, jamás fue una opción. Comentarios como “¿usted es la última de las Danús?” o “no sabía que todavía quedaban Danuses. ¿En qué están sus hermanas?” eran recurrentes. Casi como si fuéramos una raza única extinta hace milenios y ahora recién descubrieran que todavía queda uno vivo. Desde el día en que mi hermana #5 me abandonó y entró a la universidad me convertí en la Danús rendida y miserable. Coincidió justo con mi entrada a primero medio y se me fue la vida a la chucha. Porque a pesar de que mis mañanas con ella eran diabólicamente agresivas, la echaba de menos. Ya no tenía a quién gritarle porque íbamos atrasadas (record de cero atrasos en toda mi existencia colegial) ni a quién tirarle el pelo mientras caminábamos al colegio ni a quién pegarle portazos en la cara con cara de orto porque honestamente antes de las 11am soy satanás. Mi motivación para levantarme de la cama en la mañana pasó de ser nula a negativa. Esta situación se arregló cuando volví de mi intercambio en marzo de tercero medio. Me di cuenta que no habían hecho absolutamente nada en los seis meses en que no habían estado y se me abrieron las puertas del cielo. Tomé la decisión de jubilarme oficialmente y empecé a faltar profesionalmente por lo menos una vez a la semana (lunes, viernes o ambos para tener un fin de semana extendido). En cuarto medio mis compañeras ya ni preguntaban por mí y en disciplina dejaron de exigirme justificativos por inasistencia.

El Villa María me daba cáncer leve por varios motivos. Primero, y por más trivial que suene, porque es feo. Digo “feo” muy amablemente porque, la verdad, es siniestramente vomitivo. Esto, acompañado de la infraestructura ano que tiene donde con cueva caben dos cursos, un par de secretarias y profesoras y una pendeja miserable jugando en una esquina del patio. Siempre habían maestros haciendo arreglos y mejoras, construyendo nuevas salas y haciendo proyectos místicos que nunca en mi vida vi. Era como una teoría conspirativa donde le pagaban a gente para que se disfrazara de maestro y fingiera que construía pero en verdad siempre todo terminaba igual que antes. Los espacios eran mínimos, las cortinas apolilladas están ahí desde la época de Yizus y los dibujos de esvásticas y picos en las paredes y escritorios ya son parte de la esencia VMA. En invierno hacía un frío del pico hipotérmico y para peor se cagaban con la calefacción y la prendían solo dos minutos en la mañana como si fuese un lujo de reyes. El aire acondicionado que estaba como en dos salas jamás lo vi funcionar.  Para qué hablar de la infraestructura deportiva de última generación solo digna de los más osados atletas olímpicos. La imponente cancha 98% goma eva desintegrada de zapato del Apumanque y 2% nata de calostro recorre el patio principal en todo su esplendor. Esta consiste en una línea recta de longitud cinco centímetros que va desde el monumental pozo de arena hasta el inmaculado baño de quintos básicos con una pendiente moderada de la cual todos los profesores de gimnasia se jactan orgullosamente.  Se rumorea que Usain Bolt tiene una réplica de la misma para entrenar en el patio de su casa.

Probablemente piensan que alegando por estas cosas sueno como una pendeja culiá que no sabe la situación de otros colegios y está en una burbuja y blablá y la verdad es que normalmente nada de esto me importaría (sobre todo comparando con un colegio promedio de Chile) pero cuando uno toma en cuenta la mensualidad de $400 lucas que al parecer tiran al wáter, es una razón válida de furia.

Los profesores del VMA son, en su mayoría, buenos. No excepcionales ni magníficos, solo buenos. Como en todos los colegios, estaban las profesoras recién egresadas maracas que les gusta ser culiás y anoréxicas y piensan que se visten bien y hacen clases como dos veces al año porque tienen una tasa de fertilidad de 500%. También estaban los profesores de inglés (casi todos gringos) a los que intimidaban psicológicamente y les damnificaban la psiquis como panorama diario. Cuando me fui de intercambio comprendí el impacto que deben llevarse estos weones gringos cuando llegan al Villa María. Allá la sala es un santuario: nadie habla, nadie copia, todos levantan la mano y la relación profesor alumno es sagrada. En cambio, en mi colegio se los hacen pico con todas sus letras. Los hobbies preferidos eran putearlos en castellano (aprovechándose de que solo te hablan en ingles pero igual saben español), preguntarles qué significan weás como “pussy”, “dick” o “fuck” o, la peor, incomodarlos con comentarios desubicados y explícitos como rogarle ir al baño porque te estaba sangrando el choro. La mayoría de los gringos se terminaban yendo, probablemente acompañados de un shock emocional incurable y heridas internas irremediables. Aun así admito que me gozaba las sesiones de bullying y me reía malévolamente por más bien que me cayeran los weones. Por otro lado, teníamos a las profesoras de religión: la raza humana más excéntrica a la que me he tenido que enfrentar en la vida. La mayoría eran emocionalmente inestables (algo recurrente en mi colegio), excesivamente vírgenes o ambas juntas. Me acuerdo que en sexto básico una profesora de religión nos explicó, mientras cerraba los ojos con pasión, que tener un orgasmo era como comerse un chocolate. Mi recuerdo más atesorado de clases de religión, eso sí, fue la vez que una profesora contó que le chupaba el pico todas las mañanas a su marido. Todo lo demás es irrelevante. Finalmente, no olvidemos a los profesores de gimnasia; si a alguien le debo todo el odio acumulado en mi alma negra y mi corazón agujereado, es a ellos. Mi hipótesis más legítima me lleva a pensar que se juntaban en ceremonias satánicas a incendiarse las vaginas y picos mientras se los lijaban y les metían arena adentro. Nada más explicaría el humor del orto y amargura que tenían todos. Me atrevo a decir que me hicieron la vida imposible y que si hay algo que agradezco de no estar en el colegio es que no tengo que verles la cara nunca más. Porque la weá con los profesores de gimnasia es que te desean profundamente el mal a todas horas y todos los días. Amigos, yo les deseo la muerte por hacer que todos mis lunes fueran un infierno. LKM.

Lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en mi colegio es la cantidad de eventos, tradiciones y ceremonias que tiene. Son tantos que es ridículo. El entrenamiento parte desde chicas, con el “parent show” y el “christmas show” donde, por lo menos en mi época, nos maltrataban verbal y sicológicamente para que el show saliera perfecto. Nos cancelaban todas las clases y solo nos dedicábamos a aprendernos las canciones y bailes mediante agresividad forzosa de las profesoras y gritos desaforados aclarando la forma correcta de mover los pompones, amenazando siempre con la presión de que nos verían nuestros papás. Más tarde vienen los sacramentos, para los cuales ensayábamos como si fuera el cambio de mando. Para la primera comunión practicábamos cómo mantenernos rígidas con las manos en posición de rezo por lo que durara la misa y con galletas amor la forma de recibir la hostia. Ya después en media la situación es aún peor; las cosas escalan rápidamente y hay que usar túnicas blancas con baberos y tacos blancos seniles. Primero para el “presentation of colors”, ceremonia cuya finalidad jamás entendí y tampoco jamás entenderé. Todo lo que sé es que tuve que ir obligada a muchos ensayos cerdos donde nos gritaban y nos hacían caminar coordinadamente al ritmo del piano sosteniendo una banderita con el logo del colegio. Después decían cosas en inglés, cantábamos una canción religiosa y otra pop, la gente aplaudía y nos íbamos. Ni de la confirmación me salvé porque, por más que no la hiciera, me tuve que mamar un año entero de reuniones religiosas obligatorias (por lo menos nos daban comida gratis), los ensayos de las canciones durante clases y una reunión espiritual incomodísima donde me preguntaban por qué chucha no me confirmaba y yo trataba de explicar que no sé para qué chucha sirve confirmarse.  Sin duda el evento favorito de toda mi vida escolar fueron los Pep Rally. Se preguntarán qué zorra es esa weá. Bueno, los pep rally eran la personificación misma del demonio y siempre me tomaban por desprevenida los viernes a la última hora de clases. Se podría decir que son el “pre” del interescolar, donde se reunía el colegio en el gimnasio a escuchar reggeaton, bailar, practicar los nuevos y originales gritos del año y ver videos “motivacionales” (consultar link: https://www.youtube.com/watch?v=wwaeoDr827E) que honestamente dan ELA. Todavía peor es el interescolar, al que dejé de ir en cuarto básico pero aun así había que soportar a todas las culiás con voz afónica y rancia que te retaban por no haber ido y por “poco motivada”. Y atrévete a preguntar por el whatsapp de curso si el día siguiente era feriado porque te violaban con dildos fucsia por el ano.

Un acontecimiento importante de mencionar al hablar del VMA es la ida de las sisters, que incluso apareció en el diario como si fuera un hito digno de duelo nacional. Mi experiencia con las sisters fue escasa y las pocas interacciones que tuve fueron traumáticas. Tengo cuatro recuerdos importantes:

  1. Sister que me hacía clases de religión en quinto nos dice diabólicamente que nuestras risas se convertirán en lágrimas.
  2. Misma sister nos canta una canción de reggeaton sobre culiar toda la noche
  3. Sister me pregunta al frente del curso a cuánto vendería mis ojos si estuviera obligada a hacerlo. Le respondo con miedo que no sabría ponerles un precio porque los necesito. Me responde agresivamente e insiste que le diga un precio. Digo el primer número que se me viene a la mente (algo en billones) y me mira con fuego en los ojos. Le pregunta a otra compañera lo mismo y ella responde que jamás podría evaluar su cuerpo en plata porque el valor va más allá de los números y blablá. Le dice que muy bien.
  4. Falsifico firma de mamá en una prueba de religión. Sister me pregunta modulando cada letra y tirándome escupo: “IS THIS YOUR SIGNATURE?!!!!” apuntando la prueba con ira diabólica. Casi se me cae el útero por la vagina. Rendida, admito con espasmos de terror que sí.

Para variar cuando se fueron hicieron una ceremonia de despedida. Todo el colegio y las profesoras lloraban como Kim Kardashian cuando le quitaban su Blackberry en las vacaciones familiares. Yo, por mi lado, figuraba mirando al infinito con cara de orto ansiosa por volver a clases o a cualquier cosa que no fuera esto. Francamente si nadie me hubiera contado que las sisters no estaban, jamás en mi vida me hubiera dado cuenta y yo creo que ninguna de las mamonas cochinas que estaban llorando se hubieran dado cuenta tampoco.

Aunque no lo crean, también había cosas que me gustaban del Villa María. Lo más importante y de las pocas cosas que extraño es que me quedaba a siete minutos caminando y me podía dar el lujo de despertarme media hora antes de que empezaran las clases. En segundo lugar, me gustaba la formación religiosa que tiene, la cual es deficiente pero ideal para gente como yo. En contraste a la mayoría de los colegios católicos abc1, jamás me metieron mierda en la cabeza con opiniones cerradas de mente ni intolerantes, jamás nos obligaron a rezar (solo a estar calladas mientras los demás rezaban) y tampoco jamás me juzgaron por expresar mi opinión o por preguntar algo. En clases nunca me metieron miedo con el pecado ni con el catolicismo, sino que promovían más que nada el servicio y la obra social. En tercero y cuarto medio íbamos una vez al año a una casa de retiro a reflexionar por tres días en la semana. Otra de mis cosas favoritas. No por las ganas de leer la biblia (la verdad es que nunca la abrí) ni de ir a las charlas que daba el cura joven lolein hippie que estuviera de invitado (tampoco iba) sino que porque perdíamos clases y descansaba. La casa de retiro era enorme, nos daban comida rica y a la hora del té marraquetas con palta (además de la maleta gigante de chocolates que llevaba yo) y a nadie le importaba lo que uno hiciera. Habían charlas “obligatorias” y “momentos de reflexión” que pasaba en mi cama durmiendo o comiendo M&Ms con amigas y revisando Twitter. Qué más podía pedir.

Otro de mis favoritos VMA era el “bake sale”, donde vendían en el patio la comida más chancha que he visto en mi existencia para juntar plata para lo que se necesitara. Las condiciones sanitarias del bake sale eran dignas de un reportaje en Contacto  y dudo que pasarían el test de higiene más básico del mundo. Vendían algunos postres orgásmicos con manjar y chocolate en exceso y otros que solo son merecidos por un vagabundo desdichado y hambriento como era el caso del “dedo de manjar”, exquisitez parecida al caviar que consistía en la expulsión de un chorro de manjar directo del paquete a tu dedo índice por $100 pesos. Algo parecido pero en peor grado pasó con “arma tu chanchada”, donde te pasaban un vaso plástico que uno iba llenando con ingredientes calóricos y manoseados de un mesón  pero que prohibieron después de la primera y única vez que se hizo por razones obvias de salubridad.

A diferencia de mucha gente, no siento que le deba ninguna parte de mi forma de ser al VMA más que el hecho de que puedo leer, escribir y hablar en inglés. Después de eso, en mi opinión, no se aprende mucho más. Si a alguien le debo mis conocimientos y notas sobresalientes es a yahoo answers y a todos esos blogs cuma con nombres como “luchoexpertoenhistoria.blogspot.com” que no se pueden poner en las bibliografías. Y si a alguien le debo una fracción de mi personalidad es a la gente que conocí ahí. La opinión popular básica de que las “minas” del VMA son huecas y superficiales, por lo menos bajo mi impresión, es f­alsa. Sí, hay weonas imbéciles con una cantidad de neuronas preocupante como en todas partes pero ni cagando son la mayoría. La mayoría de mis compañeras (porque no faltan las graves culiás) son la raja: son abiertas de mente, tienen opiniones formadas e informadas, les gusta la obra social, son divertidas y, por más que hablen (énfasis en los garabatos) todo el día de picos y de menstruar, son más inteligentes que el hoyo. En cuanto a mi experiencia con los profesores también me quedo con casi puros buenos recuerdos de amor (olvidemos la vez que me dijeron que con mi blog yo solo potenciaba el dicho “Villa María, plata perdida” y que nunca iba a encontrar pololo). A pesar de que mi vida en el colegio era mucho más fácil y yo era más feliz, no lo echo de menos. No echo de menos la angustia que me daba cuando sonaba mi despertador y me tenía que poner el uniforme ni el hecho de que me cagaba de hambre todos los días porque no tenían la dignidad de poner microondas y por sobre todo no echo de menos las clases de gimnasia con la perra maraca que me hizo la vida imposible.

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